El teletrabajo como nueva alternativa de flexibilidad laboral en un mundo moderno y su Institucionalización Jurídica en el Ecuador

                           

teletrabajo foto

                                  INTRODUCCIÓN

El trabajo en el sentido más amplio de la palabra, ha ido de la mano del hombre durante  las diversas etapas de su evolución, a tal punto que algunos autores han llegado a considerar que el trabajo creó al hombre y lo dignifica. (Engels, 1876).  Lo cierto es que, esta actividad ha mantenido un vínculo estrecho e inseparable a la condición misma del ser humano, que, utilizando su intelecto, se halla en la búsqueda permanente por alcanzar mejores condiciones de vida. El trabajo ha evolucionado desde las más rudimentarias y simples faenas de caza y pesca en la antigüedad, hasta las más modernas y sofisticadas formas laborales actuales, como la utilización de computadoras y robots inteligentes que suplantan y reemplazan la mano de obra del hombre, produciendo mayor efectividad, rentabilidad y plusvalía a contrapartida de menor esfuerzo físico humano y mayor talento intelectual. Entre estas muchas formas evolutivas encontramos hace algunas décadas atrás, al teletrabajo que surge como novedosa alternativa laboral en tiempos de crisis y dentro de un mundo tecnologizado; trabajo, estrechamente vinculado a visiones de un futuro moderno inmerso en los constantes avances y cambios científicos e informáticos.

El mundo de hoy vive un avance tecnológico que día a día progresa a pasos agigantados en su desarrollo. Incluso se podría sostener que, la vida moderna ha cambiado vertiginosamente, pasamos de leer libros en bibliotecas, a buscar casi toda la información requerida en páginas web, cambiamos las rutinas y horarios de nuestra agenda diaria por un teléfono inteligente que nos da recordatorios constantes hasta de lo que debemos y no debemos comer o hacer en el día. Todo esto, es una muestra de que la evolución del hombre va ligada a lo que muchos llaman revoluciones tecnológicas y de la comunicación y no podemos ni sería acertado, desvincularnos de algunos de los muchos beneficios que nos aporta la ciencia.  Son muchos los países que, bajo miramientos de adaptar las normas, leyes y principios supremos constitucionales a estas realidades contemporáneas, a más de la eminente e imperiosa necesidad que tiene el derecho y las leyes de ser dinámicas para poder verdaderamente, ser eficientes, han implementado y regulado dentro de su ordenamiento jurídico al teletrabajo como nueva y moderna alternativa laboral.

                                        OBJETIVO

Este estudio tiene por objetivo realizar un análisis del teletrabajo como nuevo mecanismo moderno de flexibilidad laboral, diseñado para una sociedad tecnologizada, demostrando que su institucionalización en el Ecuador cumplirá con las expectativas y requerimientos de empresarios como trabajadores y se consolidará como una modalidad y herramienta ágil, eficaz, en crecimiento y expansión que ofertará réditos económicos a ambas partes.

                                        HIPÓTESIS

La institucionalización jurídica del teletrabajo en el Ecuador, como nueva forma laboral, constituirá, en un futuro cercano, una modalidad de trabajo idónea y eficaz para incrementar los índices de empleo y generar mayor productividad y ganancias en los distintos ámbitos de la cadena laboral, con una inserción hacia las clases vulnerables  que redundará en mayor rentabilidad a nivel personal, empresarial y estatal.

                                      DESARROLLO

Han sido algunas las reformas que se han regulado y modificado en torno a los derechos de los trabajadores en nuestro país últimamente, su importancia en la actualidad marca un profundo cambio en relación con las normas anteriores, puesto que muchas han tenido su sustento y han surgido a raíz de cambios culturales, sociales y tecnológicos, no siendo la excepción el teletrabajo, que nace, cabalmente, gracias al desarrollo de la ciencia, la tecnología y la informática.

El término teletrabajo surge por primera vez en 1973 cuando Jack Nilles de la University of Southern California, consideraba que las personas podían desplazarse para trabajar usando comunicaciones remotas basadas en las tecnologías de la información, afirmando que es, preferible “… enviar el trabajo al trabajador en lugar del trabajador al trabajo”. (Nilles, 1973). Eran tiempos difíciles por la crisis del petróleo y lo que se pretendía era ahorrar energía evitando desplazamientos que conllevaban uso de sus distintos derivados.  Él lo calificó con el nombre de ‘Telecomputing”, que consistía en conectar los teclados y pantallas de varios operarios de una misma compañía, a estaciones remotas cercanas a la sede de la empresa. Cada trabajador seguiría trabajando como si estuviera en ella, pero sin estarlo. (Ibídem).

Años más se abre paso a una concepción más moderna del teletrabajo y es así como ésta va perfeccionándose y adquiriendo una connotación especial, en donde dos elementos juegan un papel inseparable: a) la prestación de servicios personales a distancia, y b) que se realice siempre con el apoyo de medios tecnológicos, informáticos o de comunicación. (Diazgranados, 2014).

Etimológicamente el término Teletrabajo supone la unión entre telou (griego) y tripaliare (latín), que significan lejos y trabajar respectivamente. La palabra implica por tanto trabajo a distancia. En la actualidad existen una multitud de definiciones diferentes, sin embargo en la mayoría de ellas aparecen tres conceptos claves: organización, localización y tecnología.

Tomando la definición de Gray, Hodson y Gordon, el teletrabajo “es una forma flexible de organización del trabajo que consiste en el desempeño de la actividad profesional sin la presencia física del trabajador en la empresa durante una parte importante de su horario laboral. Engloba una amplia gama de actividades y puede realizarse a tiempo completo o parcial. La actividad profesional en el teletrabajo implica el uso frecuente de métodos de procesamiento electrónico de información y el uso permanente de algún medio de telecomunicación para el contacto entre el teletrabajador y la empresa”. (Gray, Hodson y Gordon, 1995).

Hay ciertos elementos indispensables para esta figura, primero el tipo de trabajo que necesariamente tiene que ser apto para que se den estas condiciones, segundo, la distancia, es decir que se labore fuera de las instalaciones de la empresa y tercero, la utilización de las TICS como medios de manejo de dicha modalidad. Así, desde el punto de vista jurídico, son tres aspectos fundamentales los que se configuran, la prestación de servicios fuera de las instalaciones convencionales del empleador con utilización de las TICS, el pago de una remuneración por el cargo y la relación de dependencia entre el trabajador y empleador. (Bonilla Puerto, Claudia, Romero Garzón Yuli, 2014.)

El teletrabajo, una de las últimas reformas instauradas en nuestro país, no es ninguna novedad en otros países de Europa y algunos de América Latina, en los que ya desde hace algunos años atrás se lo pone en práctica y con resultados cada vez más alentadores. En cambio en el Ecuador, si bien en el año 2006 ya existía un borrador de reforma del Código de Trabajo en donde se quería implementar ésta como una nueva modalidad laboral para el sector privado, fue recién a raíz del terremoto que sacudió las regiones de la costa ecuatoriana, que el Gobierno Nacional implementó esta nueva forma de actividad laboral dentro de las medidas de emergencia decretadas, tratando, entre otras cosas, de dar solución a la profunda crisis que les tocó afrontar. La idea de esta regulación fue dar una posibilidad para que continúen laborando estas miles de personas que se quedaron sin sus lugares de trabajo físico a dónde acudir, con el objetivo de aminorar las pérdidas económicas de muchos y de alguna manera tratar de dar empleo a tantos desprotegidos. Su  institucionalización fue un producto más del afán por brindar mayores beneficios a las partes intervienes, tratando de aprovechar y optimizar al máximo las ventajas de esta era tecnológica en expansión y de lograr reproducir, cristalizar y ponderar los principios constitucionales pro trabajador, que permitan aumentar la calidad de vida, de empleo y de cierto modo, adecuar el sistema jurídico a las realidades contemporáneas.

Su normativa para el sector privado en el Ecuador es muy reciente, aunque hay que recalcar que ya está vigente hace pocos meses la regulación respectiva para el sector público, pero nos referiremos solo a la primera por su relación con el código laboral. Su implementación rige a raíz de la promulgación del Acuerdo Ministerial No. MDT-2016-190, en donde se establecen  los considerandos que motivan su creación, principalmente, la protección y tutela a la clase vulnerable trabajadora, en aras de un mejor manejo de recursos económicos, mejoramiento en la calidad de vida, derecho a una vida digna y decorosa, retribuciones justas, derecho a un trabajo saludable y libremente escogido o aceptado, la garantía estatal de promover, instaurar y regular todas las políticas públicas necesarias para la eliminación del subempleo, la pobreza y el desempleo, generar nuevos puestos de trabajo y aumentar la productividad tanto personal como indirectamente el rendimiento estatal y la defensa y protección al medio ambiente. Señala además, su relación y sujeción directa con la Constitución de la República del Ecuador como norma garantista de derechos y principios laborales que vela por precautelar el derecho al trabajo de todos los ecuatorianos, la inclusión a personas con discapacidad y el mejoramiento socioeconómico de la calidad de vida, encontrándose además, una correlación directa con el Código de Trabajo como norma supletoria y el Código Orgánico General de Procesos, para la tramitación y solución de conflictos que se presentaren laboralmente.

El teletrabajo en nuestro sistema jurídico es catalogado como un trabajo a distancia, que consiste en la prestación de servicios de manera no presencial o semipresencial en jornadas ordinarias y especiales en donde el empleador y el trabajador, por medio de un contrato de trabajo, llegan al acuerdo libre y voluntario, de que el trabajador realizará sus funciones o desempeñará su cargo fuera de las instalaciones convencionales del empleador, ya sea en su domicilio o en otro lugar ajeno al del patrono, pero siempre mediante la utilización de nuevas tecnologías de comunicación e información más conocidas como TICS,  ya sea para vender productos o servicios al mundo o realizar una determinada actividad. (Acuerdo Ministerial 190, 2016).

Este Acuerdo Ministerial, establece los requisitos de validez y principios indispensables y necesarios para que esta nueva forma laboral cumpla con las expectativas de su creación. Con relación a la jornada de trabajo, en el marco de la legislación vigente, el teletrabajador/a gestionará la organización de su tiempo de trabajo. No obstante, la jornada no podrá exceder los límites establecidos en el Código del Trabajo. La carga laboral y criterio de resultados será equivalente y comparable al de las personas trabajadoras que se desempeñan en las instalaciones donde la empresa realiza su actividad. La parte empleadora deberá contar con los mecanismos internos que le permitan llevar un adecuado control respecto al pago de horas suplementarias o extraordinarias, así como jornadas nocturnas, de acuerdo a lo señalado en el Código del Trabajo, mismas que para el teletrabajo procederán con autorización previa y estarán sujetas a verificación.

Esta modalidad podrá ser permanente o parcial. Permanente si se realiza siempre fuera de las instalaciones donde el empleador efectúa sus actividades, utilizando medios y recursos tecnológicos de información y comunicación. El teletrabajador podrá asistir a la empresa, para quien presta su servicio cuando sea requerido, y parcial cuando se efectúa fuera del lugar habitual del empleador hasta un máximo de 24 horas semanales y el resto de horas se labora en las instalaciones del empleador.

Se reconoce además que al ser un contrato voluntario se lo puede celebrar al inicio de la relación laboral o en cualquier momento que se crea oportuno y a su vez, por acuerdo entre las partes, se podrá volver a prestar sus servicio en la forma tradicional o la que hacía inicialmente, pero por mandato legal, al menos se debe respetar 90 días el compromiso del teletrabajo y la comunicación de la reversión de dicho contrato debe ser notificada a la otra parte en un plazo de al menos 15 días de anticipación. La Ley dispone también causales de reversibilidad en caso que no llegaran a un acuerdo las partes, al igual que la manera de cómo se tramita la misma. Los teletrabajadores gozarán de los mismos derechos y tendrán las mismas obligaciones de los trabajadores/ras que realizan labores en las instalaciones donde el patrono ejecuta sus actividades cotidianas.

El teletrabajo es por ende, una nueva forma de organización laboral que rompe o traspasa las paredes físicas de la empresa, aumentando la productividad y optimizando recursos, mejorando la calidad y fomentando el empleo a ciertas personas como por ejemplo las físicamente impedidas.

Es interesante mencionar como actualmente son muchos los países que han implementado esta figura laboral, pues el auge en expansión de los avances científicos deriva en la necesaria institucionalización de la misma para sentar las bases requeridas para un correcto funcionamiento y tutelaje de dicha actividad, que, fundamentalmente, se utiliza aprovechando los recursos tecnológicos para obtener mayores ventajas tanto en la productividad personal como en el rendimiento estatal.

Un estudio investigativo toca el tema de la nueva sociedad del conocimiento, en donde la tecnología, la ciencia y el saber están cada vez más arraigados a conceptos de capital-trabajo. Las nuevas tecnologías proporcionan mayores prerrogativas competitivas a los mercados laborales, optimizando sus ingresos a tal punto, que las que mayormente utilicen recursos tecnológicos e informáticos mayores rubros gananciales obtendrán en comparación con las que mantengan el régimen tradicional. La posibilidad de que el trabajo traspase fronteras, vinculado al creciente desarrollo de las nuevas formas de comunicación e información TICS, posibilitan a las empresas la utilización del teletrabajo como nueva modalidad laboral, brindando un sinnúmero de beneficios a empresas y teletrabajadores e incluso ventajas medioambientales y crecimiento económico a nivel estatal. (Hormigos Ruiz, Jaime, 2002).

Los beneficios del teletrabajo son múltiples y están íntimamente ligados con una opción laboral para tiempos de crisis económica, así es como surgió en nuestra legislación la idea de su implementación y manejo. Margarita Cabrejas Artola, aporta datos sobre los beneficios del teletrabajo sobre todo ante tiempos de crisis, resaltando entre las ventajas principalmente una mayor productividad y competitividad de los empleados, como también la posibilidad de inclusión a cierto tipo de personas como discapacitados, madres al cuidado de los hijos, personas con dificultad de traslado hacia una oficina convencional. Entre los aportes socio-económicos se señalan, ahorro en indumentaria de oficina y espacio, ahorro de energía industrial, reducción de la contaminación y tráfico en horas pico y aumento de plazas de trabajo en beneficio directo a la sociedad. Establece ciertas debilidades producto de su aplicación como el vínculo de confianza mutua indispensable entre las partes vinculantes, el cambio de concepción de un trabajo supervisado y problemas relacionados con la depresión y aislamiento social. (Cabrejas, 2012). Es poco probable que las condiciones que se dieron para la implementación del teletrabajo desaparezcan, el tráfico a futuro aumentará, la contaminación ambiental sigue en aumento, la inclusión de personas discapacitadas sigue sobrepasando fronteras y la necesidad de las grandes empresas de expandir sus negocios y capitales, hacen que esta figura tenga grandes expectativas a futuro y pueda llegar ser considerada en poco tiempo más, una de las más empleadas y requeridas laboralmente.

Es una realidad indiscutible que esta modalidad no funciona para todas las personas ni para todos los tipos de trabajo, requiere un perfil determinado de un trabajador que goce de cierto nivel de profesionalismo y capacitación tanto en el desempeño de sus tareas como en el dominio de las TICS, elemento fundamental para que esta modalidad se configure, se requiere además automotivación, confianza mutua, capacidad de cambio y adaptación a las distintas actividades a realizarse, por lo que encasilla al teletrabajo como modalidad altamente competitiva; es decir esta forma laboral no es la acertada para el común de los individuos de una sociedad, sino solamente para personas y empresas que cumplan con postulados de preparación académica y conocimientos avanzados, pues solo de esta manera se obtendrán los fines anhelados. A su vez cualquier tipo de trabajo que no implique tener contacto cara a cara con los clientes puede ser perfectamente apto para esta modalidad, así por ejemplo, contabilidad, redacción de números, llamadas telefónicas, ingreso de datos de investigación, ventas por internet o ventas en general, sistemas de información: programación de computadoras, tratamiento de textos, autoedición, diseño gráfico, entrada de datos, banca, los seguros, las editoriales, empresas informáticas y telecomunicaciones, entre otras muchas.

Es necesario mencionar el tema del analfabetismo digital en el Ecuador, pues su incidencia está íntimamente enlazada con las TICS y por ende con el teletrabajo. El término analfabetismo según la Real Academia de la Lengua Española significa “Falta de instrucción elemental en un país, referida especialmente al número de sus ciudadanos que no saben leer o escribir.”  El termino analfabetismo digital es un concepto nuevo recientemente empleado para catalogar a todo individuo con un grado considerable de desconocimiento de las nuevas tecnologías, que le imposibilita el acceso, el uso y el manejo en general de móviles, celulares, internet y computación; además para que una persona sea calificada como analfabeta digital debe cumplir simultáneamente tres características: 1) No tener celular activado 2) En los últimos 12 meses no haber utilizado computadora y 3) En los últimos 12 meses no haber utilizado internet. (INEC,2016).

Datos estadísticos aportados por el INEC, revelan que en el Ecuador a nivel nacional  han disminuido considerablemente los índices de analfabetismo digital en los últimos años, resultados del todo alentadores para esta forma laboral considerando que somos un país en vías de desarrollo y según dicho organismo se estima que las cifras para años posteriores alcancen un detrimento más significativo.

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FUENTE: www.inec.gob.ec/estadisticas

En el siguiente cuadro estadístico observamos cómo en el Ecuador el índice de analfabetismo digital ha disminuido de un 32.42% en el año 2008, a un 11,5% en el 2016, cifras satisfactorias, pues en 8 años la cifra disminuye en casi 10%, este hecho, sumado a los crecientes avances tecnológicos actuales y a que el teletrabajo recién está implementándose desde el año 2016, son justificativos que nos aventuran a pronosticar que la tasa de analfabetismo digital seguirá disminuyendo y en unos pocos años más las condiciones para que dicha modalidad cumpla con las expectativas que motivaron su creación se verán cada vez más fortalecidas.

Un informe de la ONU establece que Ecuador y Bolivia son los dos países latinoamericanos que más han contribuido para contrarrestar la brecha digital en los últimos años, la predominante digitalización escolar en escuelas y colegios ha sido la clave para conseguir estas mejoras, a más de la implementación de políticas públicas estatales para facilitar el acceso de conexión a internet gratuito en diversas áreas y espacios públicos como parques, escuelas, colegios y universidades han coadyuvado el uso de internet en portátiles y dispositivos móviles e incluso se ha visto un aumento considerable en internet en domicilios, debido a la creciente demanda que reduce los costos y posibilita el acceso a un mayor número de ciudadanos contribuyendo a que esta modalidad tenga un pronóstico alentador.

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FUENTE: https://datos.bancomundial.org/indicador/

En el presente cuadro observamos los porcentajes de la población económicamente activa PEA del mundo que teletrabaja a nivel mundial, con un incremento del 10% en el 2000 a un 40% en el año 2015 y no es desacertado manifestar que este aumento se debe directamente a los propios avances de la TICS, una mayor demanda trae consigo abaratamiento de costos y consecuentemente un mayor acceso a medios tecnológicos, desencadenando un efecto directo entre la digitalización, el acceso a medios tecnológicos y la utilización de esta nueva alternativa laboral. Para fines del 2016 en el Ecuador estadísticas revelaban  ya un total de 15.000 personas trabajando bajo esta modalidad y se calculó que en unos tres años la cifra de triplique.

En un informe conjunto entre la ONU y la OIT basado en investigaciones de 15 países,  se concluye que el teletrabajo, cumpliéndose las condiciones básicas necesarias, podría llegar a ser una exitosa alternativa laboral a futuro. Basan sus argumentaciones en propuestas claras entre las que tenemos el hecho de proporcionar un equilibrio entre la vida familiar y laboral, el teletrabajador dispone de cierta libertad de su tiempo para organizarlo de mejor manera con su vida de hogar volviéndose más productivo, pero a su vez se develó ciertos inconvenientes que derivan de su utilización y mal manejo por parte de los teletrabajadores, pues es muy limitado el margen que separa el tiempo laboral del privado y esto ha llevado a que se trabaje en exceso, considerando que el mismo, en grandes dosis, pone en grave riesgo la salud integral del individuo, debido a índices que marcan intensificación del trabajo en comparación con el de la oficina. Este tipo de trabajo recalcamos, no funciona para todas las labores, ni para todos los trabajadores; necesita de mucha disciplina y auto-organización.  Para lograr que las empresas y trabajadores escojan esta alternativa se requiere un cambio de la visión cultural y esto no es tarea fácil, pues es necesario esfuerzo, dedicación, conocimiento y voluntad de ambas partes. Son por lo tanto las empresas y su ideología conservadora, la falta de control y difusión Estatal, las que aún traban y limitan el desarrollo y crecimiento de esta forma laboral.

Un estudio estadístico de analistas digitales electrónicos como ‘HowIBecomeaNet’, establece cifras en relación con los beneficios que aporta el teletrabajo a nivel mundial y su repercusión en la vida de las personas como veremos en el siguiente cuadro:

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FUENTE: http://worksnug.com/blog/infographic-the-world-of-telecommuting

En el cuadro presentado observamos cómo un  83% de las teletrabajadores del mundo pueden mantener sus empleos en simultáneo con la crianza de sus hijos, impulsando así la permanencia de mujeres talentosas en sus cargos. Un 83% de los teletrabajadores reducen su nivel de estrés al no tener que desplazarse hacia una oficina. Y el 78% de los teletrabajadores tienen un mayor equilibrio entre la vida familiar y laboral.   Si bien los datos presentados muestran una evidente ventaja a favor de los teletrabajadores, debemos recalcar que los datos apuntan principalmente a teletrabajadores bajo la modalidad de tiempo parcial, aclarando que ésta resultaría mucho más útil y aportaría mayores prerrogativas si se trabajara una parte de la jornada dentro de las oficinas convencionales. El teletrabajo bajo esta modalidad parcial marca índices mucho más elevados debido sobre todo, a la posibilidad de implementar esta nueva actividad profesional pero sin desvincularse por completo del método tradicional lidiando contra algunos de los problemas propios del teletrabajo, por citar algunos ejemplos mencionaremos la posibilidad de fortalecer el vínculo entre el patrono y su empleado, evitar el aislamiento social, evitar trabajar en exceso un sinnúmero de horas al día, como a su vez, el apuntar hacia un justo equilibrio entre los dos sistemas. Además como son los propios empleadores los que no pueden romper con concepciones de tener bajo su control por lo menos media jornada a los trabajadores, con esta figura laboral ellos se sienten más tranquilos y abiertos a intentarla y viabilizar que ésta dé resultados fructíferos.

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FUENTE: http://www.ecuadorencifras.gob.ec/documentos/web-inec/Estadisticas_Sociales/TIC/2016/170125.Presentacion_Tics_2016.pdf

Se evidencia del presente cuadro comparativo basado en estadísticas realizadas por el INEC hasta el año 2016, como es la población infantil y juvenil la que principalmente cuenta con un mayor acceso y utilización a computadoras, con esta muestra, se justifica como ha incrementado notablemente la digitalización sobre todo en las nuevas generaciones quienes son las que imperiosamente deben adaptar su vida a estas realidades tecnológicas contemporáneas y al uso de dispositivos y medios electrónicos ligadas a ellas. Sin embargo el INEC también establece que para el 2016 un  55,6% de la población de Ecuador utilizó Internet en los últimos 12 meses. En el área urbana el 63,8% de la población empleó internet, frente al 38,0%  del área rural, cifras que evidencian todavía la imposibilidad de acceso en sectores rurales por sus características propias de precariedad y pobreza.

Si bien nuestra legislación ya cuenta con la respectiva regulación legal de dicha actividad y esto por sí mismo, es un avance significativo en cuanto a leyes modernas pensadas para un presente y un futuro modernos, no se puede dejar de reconocer que aún hace falta que se cubran ciertos vacíos. Sería adecuado implementar esta modalidad dentro de las establecidas en el propio Código de Trabajo y no como norma aislada de dicho cuerpo legal, así mismo, crear un organismo o institución propia que se encargue de gestionar, velar y manejar específicamente el tema, colaborando con la inserción a clases vulnerables como lo hacen otras legislaciones. Es necesario establecer correctamente como estarían regulados los sindicatos de teletrabajadores que poseen por su naturaleza propia características disímiles a los trabajadores convencionales y poco o nada se dice al respecto y analizar más a fondo el tema de horas suplementarias y extraordinarias, que por ser un trabajo a distancia, están inmersas en un considerable riesgo de abuso y falta de control. Además para que esta alternativa laboral, verdaderamente, sirva para los fines esperados, se requiere que el Estado siga comprometido en su intento por brindar más incentivos tributarios a las empresas para que se atrevan, primero a romper con concepciones convencionales y todo lo que ello implica y luego a experimentar esta modalidad. Para todo esto el Gobierno, rigurosamente, necesita brindar mayor asesoría y capacitación tanto a compañías como a trabajadores, pues aún hay mucho desconocimiento del tema y de su administración y de esta manera se logre superar la brecha digital que aún tenemos en nuestro país.

El diagrama de flujo a continuación nos ofrece un resumen de las características principales que engloba el teletrabajo en el Ecuador.

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Esperemos que el Estado en búsqueda de cumplir con su deber constitucional de protección social y tutela jurídica, continúe implementando políticas públicas para proveer y facilitar cada vez mayor acceso a los medios de comunicación e información a la ciudadanía, ya que estos son la base para que dicha modalidad se configure correctamente y facilitar una mayor difusión y asesoramiento a empresas y trabajadores, invitándolos y motivándoles a que apliquen esta nueva modalidad que permita ver los resultados directos de su implementación y manejo.

 

CONCLUSIONES:

El mundo se ha visto en la imperiosa necesidad de progresar de la mano de los avances tecnológicos y dejarse influenciar directamente en muchos ámbitos de la vida. En estos muchos aspectos no podían dejarse de lado los legales, pues son el fundamento para regular las relaciones interpersonales.

El trabajo considerado como sinónimo de plenitud, necesidad y realización personal, ha evolucionado desde las más precarias labores hasta los más diversos tipos y formas modernas e innovadoras, dentro de estos se vislumbra el teletrabajo, como una alternativa laboral en un intento por adaptar las realidades de un mundo tecnologizado a circunstancias propias de los trabajadores y empresas contemporáneas.

En nuestro país su institucionalización es muy reciente y surge para tratar de plasmar y materializar los principios y postulados constitucionales, en un trabajo pensado para adecuar circunstancias modernas que puedan brindar mayores beneficios a las partes intervinientes, indirectamente al Estado, al medio ambiente y combatir el desempleo y subempleo.

El teletrabajo, es una forma flexible de organización laboral, que consiste en el desempeño de una actividad profesional sin la presencia física del trabajador en la empresa durante una parte importante de su horario y siempre con el uso de métodos de procesamiento electrónico de información y comunicación, pero manteniendo la relación de dependencia propia de todo vínculo laboral.  Engloba una amplia gama de actividades y puede realizarse a tiempo completo o parcial. Representa una manera efectiva de integrarse en el mercado de trabajo para aquellas personas con incapacidades físicas, madres de niños pequeños, adultos con dificultades para desplazarse, en fin un sinnúmero de grupos vulnerables que pueden beneficiarse y adaptar sus realidades al mundo laboral.

La inserción de las nuevas generaciones en el mundo de internet y computación, más el considerable detrimento de los índices de analfabetismo digital en el país, son sinónimos de una mayor apertura y predisposición de la población a incursionar laboralmente en esta modalidad que trae consigo grandes expectativas a futuro. Nos queda claro que si bien el teletrabajo ofrece muchas ventajas, es indudable el predominio de la modalidad a tiempo parcial, ya que ésta es la que mayor acogida y mayores beneficios trae a las partes intervinientes por lo menos en un principio.

Si bien es un avance importante que nuestro país ya cuente con la respectiva normativa que regula dicha actividad, el camino recién empieza, pues para alcanzar las metas y fines anhelados, el Gobierno debe mediante políticas públicas dar mayores incentivos, continuar luchando contra la brecha digital, impartir mayor conocimiento a empresas, difundir el tema a la ciudadanía en general y a su vez nombrar un ente encargado de su manejo, asesoramiento, regulación y control, ya que al ser una modalidad nueva y de carácter muy particular, mal podría tener el mismo tratamiento que cualquier otra relación de trabajo.

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                                     Maria de Lourdes Tamariz Aguilar

 

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